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Bolsonaro, el “Trump de los trópicos”

10 enero, 2020

Aunque los medios le han dado el apodo de “Trump de los trópicos”, Bolsonaro parece más un cruce entre el dictador chileno Augusto Pinochet y Borat.

 

Gregório Duvivier / Actor, poeta y productor brasileño. 

 

RÍO DE JANEIRO, Brasil — Nací hace más de 30 años, justo cuando la democracia en Brasil estaba emergiendo. Sí, la democracia brasileña tiene la misma edad que Lindsay Lohan. Al igual que ella, tuvo su apogeo en la década de los 2000 y no supo lidiar con la llegada de la vida adulta.

 

Mis padres votaron en las elecciones presidenciales por primera vez cuando yo tenía tres años. Crecí escuchando historias aterradoras sobre la dictadura militar. En una, los torturadores pegaron la boca de un hombre al carburador de un automóvil con el motor en marcha e inhaló humo hasta morir.

 

En otra, el coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra insertó ratas en la vagina de una mujer embarazada. Esto es lo que vivían los brasileños mientras que en Estados Unidos sucedían el festival de música Woodstock y el caso Watergate.

 

Aquí, periodistas como Bob Woodward y Carl Bernstein desaparecían o “se suicidaban” en condiciones que habrían sido imposibles sin la ayuda del Estado. Aquellos que notan cierta afinidad entre el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, y el estadounidense, Donald Trump, no comprenden la profundidad de la situación en Brasil.

 

Bolsonaro nunca ha escondido su afecto por la dictadura militar. De hecho, considera al coronel Ustra, quien dirigía un centro de tortura en los años setenta, un “héroe nacional”.

 

Aunque los medios de comunicación le han dado el apodo de “Trump de los trópicos”, Bolsonaro se parece más a un cruce entre el dictador chileno Augusto Pinochet y Borat. Yo soy un comediante brasileño.

 

Si bien puede parecer fácil esta vocación dado nuestro clima político actual, en realidad es muy difícil hacer bromas sobre un presidente que ya parece una parodia. Es difícil competir con la realidad. Formo parte de Porta dos Fundos, un colectivo de comediantes que fundé en 2012 junto con cuatro amigos: Fábio Porchat, Antonio Tabet, Ian SBF y João Vicente de Castro.

 

Todos habíamos trabajado en televisión, donde no podíamos hacer bromas sobre sexo, política o religión. Básicamente, los temas más divertidos. Así que nos mudamos a internet, donde nuestro estilo de humor funcionó. Luego, en 2017, Viacom compró la mitad de nuestra empresa.

 

Ahora somos parte de una corporación estadounidense, pero, por supuesto, eso no impide que la gente nos tilde de comunistas, una palabra que Bolsonaro todavía utiliza como un gran insulto. Vintage, ¿no? Pero eso no es lo peor. Para darles una idea de lo que estamos enfrentando, existe una bancada evangélica en nuestro congreso.

 

Esto no es simplemente un lobby cristiano o un puñado de diputados cristianos. La bancada está compuesta por más de 80 diputados federales de un total de 513; van al congreso con sus Biblias en la mano y votan de acuerdo con ella.

 

Muchos son pastores o policías y algunos son pastores y policías, como el pastor sargento Isidório, conocido por alegar que cura a los drogadictos con una golpiza. Supongo que funcionó para él.

 

Ha dicho que fue drogadicto y homosexual pero que ahora ha vuelto a nacer. He aquí una idea de la magnitud de nuestro problema con el laicismo: el nombre más citado durante la destitución de Dilma Rousseff fueDios.

 

No, no hizo depósitos sospechosos, ni encontraron correos electrónicos a su nombre, pero aparentemente fue Él quien pidió a cien diputados brasileños que destituyesen a la presidenta. Hicimos un especial de Navidad para Netflix sobre la juventud de Jesús, tituladaLa primera tentación de Cristo.

 

El escritor, Fábio Porchat, parte del hecho de que la Biblia tiene una brecha evidente. Jesús tiene 12 años y —bam— de pronto ya tiene 30 años y se está bautizando en el río Jordán. ¿Por qué no dicen nada sobre su juventud? ¿Qué estaban tratando de ocultar? Entonces hicimos una hipótesis: Jesús amaba a los hombres. No fuimos los primeros en pensar esto, claro.

 

Mucho antes, el evangelista Marco ya nos había contado en ese texto apócrifo que “cuando cayó la tarde vino el joven a Jesús, vestido con una túnica sobre el cuerpo desnudo. Y permaneció con él aquella noche, pues Jesús le enseñaba el misterio del reino de Dios”.

 

Es posible que la bancada evangélica brasileña no conozca este pasaje, así como ciertamente no sabe quiénes son Monty Python,Mel Brooks, la serie South Park y tantos otros que, antes que nosotros, ya se habían burlado de las vacas sagradas de la cristiandad.

 

Hoy en día, hay una docena de demandas y peticiones que exigen que se retire el especial de Netflix. El Ministerio Público aceptó una petición de un grupo católico exigiendo no solamente la censura, sino también que paguemos una multa de casi medio millón de dólares, dos centavos por cada católico en Brasil.

 

No me pregunten por qué dos centavos. Me quedé con la duda de si yo, que fui bautizado en la Iglesia católica, también tengo derecho a los dos centavos. ¿El no haber hecho mi primera comunión me descalifica? ¿Será que puedo cobrar un centavo? ¿El centavo restante va para quienes fueron confirmados? Este revuelo no es nuevo para nosotros.

 

Lo que ha cambiado es que desde que este presidente asumió el cargo, los ataques han tomado otras formas. Por ejemplo, el 24 de diciembre, un grupo de hombres enmascarados intentó incendiar nuestras oficinas con cócteles molotov.

 

El guardia logró apagar el fuego y nadie resultó herido. Al día siguiente, un grupo que se autodenominó Comando de Insurgencia Nacional Popular de la Familia Integralista Brasileña se adjudicó el ataque.

 

El integralismo brasileño era un movimiento antisemita de la década de los 1930; sí, había muchos brasileños, de raza mixta, que simpatizaban con un movimiento que a ellos mismos los habría enviado a un campo de concentración. Nosotros creíamos que el movimiento había sido erradicado junto con la sífilis y la tuberculosis.

 

Pero parece que todos estos males están de vuelta en el Brasil de Bolsonaro. Las instituciones públicas, todas, están siendo reemplazadas por “personas leales al gobierno”, para usar el propio término de Bolsonaro.

 

El presidente ya ha dicho que no está a favor de la censura, sino más bien de proteger los “valores cristianos”. No obstante, no es necesario atacar al cristianismo para ser despedido. Cuando el director del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil publicó datos sobre la deforestación, el presidente lo expulsó.

 

Tal vez la realidad también sea enemiga de los valores cristianos. Aunque nuestro presidente no se merece el apodo de “Trump de los trópicos” (¡ni siquiera eso!), sin lugar a dudas el resultado de las elecciones estadounidenses lo ayudó bastante.

 

Si en Estados Unidos eligieron a un oligofrénico, ¿por qué no lo podrían hacer los brasileños? Esperamos con ansias el resultado del juicio político y las elecciones de este año: ojalá la caída de Trump represente también el declive de sus imitadores tropicales.

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