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¿Has pensado en qué hacer cuando tus padres dependan de ti?

7 enero, 2020

“No hay que olvidar que corre peligro la vida de un ser humano”: Enrique Barrales Islas.

Carlos Rivera / Luces del Siglo

 

CANCÚN, Q. ROO.- El siquiatra Enrique Barrales Islas se adentra en los retos y avances del diagnóstico de las personas de edad avanzada porque hay una serie de mitos y tabúes sociales que dificultan la atención adecuada; van del sexismo, en el que creemos que las mujeres no necesitan atención, y la equívoca costumbre social de etiquetar a las personas como “fuertes” creyendo que nunca presentarán deterioro físico y mental.

 

Pero lo más importante, subraya, hay que planear con tiempo y dedicación la atención médica y económica de nuestros seres queridos que han entrado en la difícil recta del envejecimiento. Es un proceso inevitable que no debe tomarnos por sorpresa y, para ello, debemos considerar varios aspectos que un especialista nos describe en esta entrevista.

 

Además, el diagnóstico debe considerar varias ramas científicas que va desde la siquiatría forense, la cual es un área de oportunidad para las nuevas generaciones, ya que en Quintana Roo existe una baja participación en esta especialidad hasta la incorporación de otras disciplinas, como la nutricional, porque los alimentos están relacionados con el equilibrio mental de las personas.

 

Es decir, los casos de obesidad o la falta de alimento sano provocan trastornos más notorios en el comportamiento de los individuos que han entrado en la tercera edad.

 

De esta manera, el especialista explica que la especialidad de siquiatría geriátrica es la rama médica que se encarga de estudiar la salud mental de los adultos mayores; sin embargo, “la práctica de esta especialidad se enfrenta a fuertes barreras basadas en prejuicios”.

 

Por ejemplo, en esta área predomina, inclusive, el sexismo, porque la atención del adulto mayor se cree firmemente como una obligación para las mujeres y no para los hombres. “Las féminas obtienen el rol de cuidadoras cuando estas personas también necesitan igualmente monitoreo constante de los especialistas”, aclara.

 

Por eso, además de esta atención equívoca, con tendencias sexistas, la situación se complica cuando una personas llega a la tercera edad, porque necesita diversos tratamientos y medicamentos y el familiar, muchas veces, al no poder adquirirlos, genera un desgaste tanto económico como físico en el núcleo familiar”.

 

Los hechos han demostrado en las experiencias en Quintana Roo y el país que de manera tradicional en las familias, ya sea una hija, nieta o la nuera, son quienes terminan cargando en atención y cuidado el proceso médico del adulto mayor, cuando esa visión debería cambiar en cada una de las familias para abrir y ampliar el margen de responsabilidad social y económica.

 

Con el paso del tiempo, dice el siquiatra, el cuerpo y la mente humana comienzan a deteriorarse y lamentablemente no todas las instituciones de salud pública implementan los tratamientos integralmente. En este aspecto, el punto más débil es la adquisición de medicamentos, debido a los altos costos que implican y que al tratarse de una persona mayor su desgaste es más alto, por lo que a la larga se complica tanto al paciente como a sus familiares acudir a las consultas médicas.

 

“Hay tratamientos para aminorar condiciones más graves del deterioro en el adulto mayor como es el cambio de ciclo de sueño ya que paulatinamente dejan de dormir un día entero; o, bien, duermen en el día y están despiertos en la noche, lo que les provoca mucha angustia y confusión. En este rubro es importante una correcta capacitación de quién va a cuidar a los pacientes de psiquiatría geriátrica, como al igual es fundamental que la familia deba estar informada por cualquier situación atípica que se llegase a presentar”, subraya.

 

Pero el problema del cuidado geriátrico podría tener más complicaciones porque los adultos mayores deben de contar también con un espacio seguro y un entorno donde sean considerados activos, por lo que el siquiatra recomendó poner énfasis en la limpieza de la habitación así como una buena iluminación de pasillos y escaleras del hogar.

 

Es importante que la familia se involucre paulatinamente en el cuidado, dice el especialista, porque el gobierno mexicano siempre se ha limitado con los recursos de pacientes con problemas de salud mental y que, al final del día, terminan con una situación para ser atendidos en urgencias de cualquier hospital, cuando esto se puede prevenir desde las unidades de salud.

 

“Lamentablemente en México se tiene la idea de que llevar a un adulto mayor a una estancia es abandonarlo cuando en realidad puede ser una buena opción. Primero, porque es más seguro para el paciente ya que cuenta con personal capacitado, quienes pueden mejorar la calidad de vida y, segundo, porque obtienen una atención continua y se rodean de personas en condiciones similares”.

 

Psiquiatría después

de la muerte

 

La siquiatría forense tiene el objetivo de establecer el estado de las facultades mentales con el propósito de delimitar el grado de responsabilidad penal y capacidad civil del individuo, como lo plantea el doctor Enrique Barrales, quien explica que muy pocos practican esta especialidad; sin embargo, él ha tenido que implementar psiquiatría pericial para diagnosticar diversas patologías, siempre y cuando el contexto se lo demande o existan razones para hacerlo.

 

Agregó que este perfil no es del gusto de sus colegas debido a que se requiere una capacitación mayor, además exige más dedicación y tiempo de estudio, por lo que se vuelve una disciplina poco usual en estados jóvenes como Quintana Roo. “La psiquiatría forense no es nada más consultar a un paciente, sino también dar un tratamiento adecuado dependiendo del diagnóstico que presenta la persona, ya sea traumático o no”.

 

“Por lo que nuestro trabajo como psiquiatras es dar información a personas no expertas en salud mental como jueces o abogados, para que tengan un material de apoyo para dictaminar la sentencia final”, aclara.

 

Bajo su percepción, detalla, que al ir creciendo la población tanto en Cancún como en la entidad, las necesidades van a ir aumentando y, por ende, la necesidad de establecer dictámenes pos mortem de salud mental van a ser más demandantes en este sector de la salud regional y nacional.

De la mano, nutrición

y el equilibrio mental

 

La nutrición es una especialidad cuya fuente de estudio consiste en la incorporación y transformación de materia y energía de los organismos, explica el médico Barrales Isla, porque al presentarse un problema de trastorno alimenticio también los psiquiatras pueden coadyuvar en la solución de este tipo de problemas.

 

Este desequilibrio de conducta puede desencadenar en que la persona coma en exceso o que sus alimentos no sean suficientemente sanos para una vida equilibrada, lo que perjudicaría, en cualquiera de los dos casos, a su organismo.

 

“El nutriólogo es una parte importante del equipo de salud, pero los trastornos de conducta alimentaria tienen que ver con situaciones de ansiedad intensa, autoestima baja o inclusive autoimagen alterada. Muchas veces las personas que se encuentran, inclusive, en una desnutrición severa se siguen percibiendo a sí mismas con sobrepeso e igual he tenido pacientes con situaciones de que no pueden controlar la cantidad de comida que ingieren”, comentó.

 

Por este tipo de patologías en las personas mayores, esta clase de procesos médicos tiene que abordarse o tratarse en conjunto con otros especialistas de la salud, debido a que el equilibrio mental del individuo no se aborda solamente del lado psiquiátrico.

 

Por eso, aclara, es fundamental el trabajo de la familia, ya que al ser las personas más cercanas al paciente tienen que aprender de la enfermedad y conocer los límites que esta tiene, debido a que son patologías que también ponen en riesgo la salud física.

 

“Los trastornos alimenticios son patologías en las que los pacientes requieren que su entorno tenga ciertos límites o que disminuyan ciertas presiones que ellos mismos se ponen. En este tipo de enfermedades también necesitamos la colaboración de trabajo social, sicología, enfermería, nutrición, por supuesto, y en ocasiones endocrinólogo”, indica casi al finalizar la entrevista.

 

Las personas que pasan por este tipo de problemas sufren porque no los entienden y, en ocasiones, tanto los familiares como seres cercanos, piensan que se trata de un capricho cuando no lo es. Al final, el médico dice una sentencia que encierra todos los efectos de las recomendaciones que hace en esta entrevista: “no hay que olvidar que corre peligro la vida de un ser humano”.

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