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Exigen ciudadanos ‘Frenar Corrupción’ en alcoholímetro

7 enero, 2020

Una víctima nos cuenta los claroscuros que esconden las detenciones y el negocio de “amparos” detrás de las patrullas.

Elmer Ancona / Luces del Siglo 

CANCÚN, Q. ROO.- Armando fue una de las víctimas que en noviembre de 2018 padeció los abusos de los agentes de tránsito del municipio de Benito Juárez, adscritos al programa Conduce sin Alcohol.

 

A finales de año sufrió una de las experiencias más amargas de su vida al caer en el famoso “Torito”, un centro de reclusión donde van a parar quienes presuntamente cometen faltas administrativas.

 

Reconoce que ese día bebió dos copas de whisky, pero tres horas antes de caer en manos de los policías de Tránsito Municipal colocados en la Avenida Bonampak y Puerto Cancún. Asegura, por lo tanto, que no iba alcoholizado.

 

Armando M. M., quien pidió el anonimato, comenta que fueron violados sus derechos ciudadanos desde el momento de su detención, ya que, en primera instancia, lo aislaron en una zona apartada donde no le permitieron comunicarse con sus familiares para informar lo que sucedía.

 

De inmediato se le acercaron algunas personas que dijeron ser “abogados” para ofrecerle el trámite de un amparo, con el cual evitarían su traslado al “Torito”. Por el servicio le cobraban 7 mil pesos.

 

“Yo no portaba esa cantidad en ese momento para alcanzar la liberación inmediata; además, yo no iba alcoholizado, no tenía culpa alguna, llevaba todos mis documentos en orden, por lo que suponía que saldría bien librado. Pero no fue así”.

 

Posteriormente, de manera aislada, los agentes de tránsito le hicieron soplar en cuatro ocasiones una “pipeta” (tubo numérico) para ver los grados de alcohol que portaba su cuerpo.

 

Narra que en las primeras tres ocasiones no rebasó los 0.40 grados permitidos, sino que fue hasta la cuarta vez que le hicieron exhalar donde alcanzó los 0.47 grados.

 

“No se cómo funcionan esos dispositivos, pero hacen que las soples tantas veces que, por supuesto, de manera forzada, tiene que salir la cantidad que ellos quieren que aparezca. Incluso no sabes si manipulan de alguna forma esos aparatos, no te das cuenta por la presión psicológica que vas recibiendo”.

 

Basado en el artículo 130 del Reglamento de Tránsito Municipal, Armando pidió a los agentes que su acompañante, que no bebió licor y que portaba licencia y tarjeta de circulación, pudiera llevarse el auto.

 

No obstante, también le violaron ese derecho, por lo que tuvo que pagar el arrastre de la grúa. Ahí tuvo que desembolsar 4 mil 500 pesos para la posterior liberación del auto.

 

“Yo creo que están coludidos con los dueños de las grúas, porque si por ley tienes el derecho de que terceras personas se hagan responsables de tu auto, los agentes de tránsito hacen todo lo posible para impedirlo. Con toda seguridad, salen beneficiados”.

 

Condiciones insalubres

 

Armando narra que, ya en el “Torito” donde tuvo que pagar otros 500 pesos por su estancia, siguió pasando por duros momentos por las condiciones insalubres en las que se encuentran las instalaciones.

“No puedes tomar agua porque el único garrafón está asqueroso, los sanitarios no tienen agua, por lo que el olor es hediondo; de la comida mejor ni te digo porque sólo con verla se te va el hambre”.

Para finalizar, el ciudadano que da este testimonio cuenta que, además, le cobraron mil 500 pesos extras en el centro de retención, porque su auto, supuestamente, presentaba una infracción registrada tiempo atrás.

El dinero lo tuvo que pagar porque, de no hacerlo, el auto podía permanecer hasta 15 días más retenido.

Al salir del “Torito”, además, le hicieron firmar un documento de liberación donde lo conminaron o “invitaron” a no levantar una demanda en contra del H. Ayuntamiento de Benito Juárez. De no firmarlo, le dijeron, podría permanecer hasta cuatro horas más detenido.

“Como ciudadano estoy de acuerdo con este tipo de operativos, pero que se hagan bien, que sean justos y transparentes, que castiguen realmente a las personas que van en estado de ebriedad que ponen en riesgo a la gente. Pero hasta ahí, porque lo demás es una auténtica arbitrariedad. Alguien tiene que detenerlos”.

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