Luces TV

Cuando los políticos tropiezan… tremenda barbosada

15 octubre, 2019

CARBONES POLÍTICOS

 

Elmer Ancona

@elmerando / elmerancona@hotmail.com

 

Tremenda “barbosada” la que cometió el gobernador de Puebla, Miguel Barbosa Huerta, al decir que la trágica muerte de Rafael Moreno Valle y Martha Erika Alonso fue castigo divino por haberle hecho perder una elección.

 

Meter a Dios en el apestoso juego de la política como el que se ve en todas partes, es mezclar el incienso con los desechos, la teología con la cábala y el cielo con el averno.

 

En lugar de estar imaginando cosas y de andar diciendo “barbosadas”, el mandatario estatal debería exigir a las autoridades responsables el pleno esclarecimiento del caso, porque seguramente saldrán a la luz las verdaderas causas del tan sonado “accidente”. Decir que Dios castigó a los ex mandatarios panistas, es tanto como asegurar que Dios fue el responsable del aparatoso suceso.

 

Dios ni es piloto ni es asesino. Los verdaderos responsables –voluntarios o involuntarios — se han de estar muriendo de risa con tan bochornosas declaraciones. Haber declarado eso, es tanto como suponer que Dios es el culpable de que los poblanos estén sufriendo y padeciendo a un gobernador que peca de ignorante o que carece de prudencia al abrir la boca.

 

Dicen los especialistas que quien grita a todo pulmón “agarren al ladrón”, “agarren al ladrón”, casi siempre resulta ser sospechoso de la culpa, el responsable del delito. Lo hacen para desviar la atención. Al gobernador del estado le haría bien seguir los consejos de los abuelos: “En boca cerrada no entran moscas”.

 

No vaya a ser que al mandatario estatal le salga el tiro por la culata y sea el mismísimo Dios quien revele la verdad de esta enredada novela de terror político, donde los personajes antagónicos, los malvados, los criminales, salen a flote. Sería bueno que Barbosa Huerta deje de ver Cuna de Lobos porque no le hace nada bien. Ver tanta malicia, codicia y entuerto sólo embrutece.

 

O por lo menos que en sus giras deje de consumir tanto té verde que lo sublima. Si tan seguro está de que le robaron la elección en julio de 2018, pues hubiese acudido a los tribunales locales y federales para exigir justicia, pero hasta donde se supo, fueron los propios magistrados quienes corroboraron el triunfo de la coalición “Por Puebla al Frente”, esto es, el triunfo de Martha Erika Alonso.

 

Es muy fácil echar la culpa a los muertos de todo lo que nos sale mal en la vida, pero es malicioso culpar a Dios de todos los actos perversos, crueles e inhumanos cometidos por los seres vivos. “Porque yo gané la elección, me la robaron… pero los castigó Dios”.

 

Así de literal fue el gobernador de Puebla que se convirtió en juez, adivino, nigromante, hechicero, brujo y vidente. Descubrió al verdadero culpable de la tragedia morenovallista: ¡Dios! Como Rafael y Martha Erika fraguaron un fraude en su contra para hacerlo perder, entonces Dios, que nunca se equivoca, lanzó sus llamas flamígeras sobre el helicóptero en el que viajaban, ¡Dios es el asesino! Hay que decir a los políticos que dejen de decir tantas “barbosadas”, que dejen de consumir yerbas aromáticas que sólo intoxican el intelecto y nublan la razón. Así no se puede gobernar bien.

 

PRUDENCIA POLÍTICA

 

Una de las virtudes que deben tener los gobernantes es el de la prudencia, esto es, deben tener la capacidad de pensar antes de abrir la boca, ante los posibles riesgos que conlleva decir cosas que no son y que podrían producir perjuicios innecesarios.

 

La prudencia política obliga a discernir y distinguir lo que está bien de lo que está mal y actuar en consecuencia; por lo tanto, si un gobernante no está consciente de los efectos perniciosos que podrían producir sus comentarios, mejor que se abstenga de hablar.

 

Quién no recuerda, por ejemplo, los tantísimos resbalones políticos que tuvo el ex presidente Enrique Peña Nieto –desde candidato–, cuando ante los medios de comunicación soltaba una que otra torpe declaración. Su primer tropiezo fue en la Feria Internacional del Libro (FIL) realizada en Guadalajara, Jalisco, cuando le preguntaron los tres principales libros que había leído en su vida.

 

Las risas llegaron en cascada cuando no supo responder con lógica y prontitud: mencionó libros con nombres y autores equivocados; sacó a relucir su ignorancia bíblica. En fin. Un momento nada glorioso para el que gobernaría esta nación.

 

El mismo Andrés Manuel López Obrador ha tenido desatinos al dirigirse a las reporteras que, con toda la decencia del mundo, le han pedido no ser tan llevado con ellas, sobre todo verbalmente.

 

O bien, cuando se refiere a los delincuentes y criminales de este país, a quienes va a acusar ante sus “mamacitas” y “abuelitas” para que los pongan en orden, provocando miles de memes en su contra.

 

Por supuesto, todo podría ser parte de una arriesgada estrategia de campaña para que la gente siga hablando de ellos, para tenerlos en el radar, cobijados en la leyenda de que “político no vapuleado, es ignorado”. Cada quien con sus creencias.

 

TRABAJAR MÁS

 

Lo cierto es que los políticos deberían hablar menos y trabajar más. Esa debería ser una Regla de Oro en este país que durante años ha vivido de la demagogia, sin tener resultados palpables.

 

En los congresos, por ejemplo, se discute mucho y se legisla poco; para la cantidad de diputados y senadores que hay se plantean pocas iniciativas de ley y de todas esas, la mayoría va a la congeladora.

 

Al gobernador de Quintana Roo, Carlos Joaquín González, debería servir de lección lo que están haciendo sus homólogos a nivel nacional, porque si bien es cierto que peca mucho el que habla en exceso, también lo hace el que no levanta la voz cuando se es necesario.

 

En los últimos tres años que le faltan para gobernar tendrá que aplicar la máxima de hablar poco, pero decir mucho; no quedarse callado ante los golpeteos porque quien calla, otorga. La política es una gran escuela. Aprendamos de ella.

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