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Drogas adulteradas: riesgo latente

14 octubre, 2019

Los consumidores de drogas como la cocaína, el éxtasis o el LSD no suelen tener datos sobre su composición química para prevenir efectos imprevistos.

Yvette Hesse

Facebook: yvette.hesse  / Twitter: @YvetteHesse

 

Independientemente de si somos consumidores o no, de si algunas drogas serán despenalizadas y/o legalizadas o no, hay información extremadamente relevante que debemos saber. Se trata de la adulteración química.

 

Según Naciones Unidas, 275 millones de personas usaron drogas en 2016 y 450,000 murieron de sobredosis o por enfermedades asociadas como hepatitis C o el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH).

 

Pero pocos gobiernos saben a ciencia cierta cuál sustancia adultera las drogas sujetas a fiscalización. Generalmente, las autoridades hacen una prueba para confirmar que una incautación es, por ejemplo, cocaína, y abren un proceso judicial, pero… pasa que al final, son pocos los países que hacen circular los datos sobre la composición química de la esas substancias y esa podría ser una pista para detectar en qué áreas es más común que se agreguen suplantadores.

 

COLECTIVO REVERDECER: APLICA TESTEO EN FIESTAS

 

Según reportes del Observatorio Interamericano de Drogas de la Organización de Estados Americanos (OEA), las cifras del uso de la cocaína, el éxtasis, LSD y cannabis van en aumento.

 

La OEA trabaja con los países en un Sistema de Alerta Temprana (SAT) que pueda advertir qué contiene esa bolsa que dice ser cocaína, qué tiene el papel secante que se vende como LSD o el cristal que llaman éxtasis. Por ahora, este SAT está más desarrollado en Uruguay y Colombia, pero sigue en fase embrionaria.

 

En México también hay algunos esfuerzos en ese sentido, como el programa de análisis de sustancias que realiza el colectivo Reverdeser, que ya ha realizado testeos en fiestas y encontrado metanfetamina, cafeína y paracetamol en las píldoras de MDMA. Pero… ¿cómo funcionan?

 

PRUEBAS RÁPIDAS DE LA POSIBLE ADULTERACIÓN QUÍMICA

 

Desde hace unos cinco años, en algunos festivales musicales de Uruguay, México y Colombia se encuentran mesas de “testeo”. En un reportaje del New York Times en español, se publicaron detalles de la última edición de Estéreo Pícnic —celebrada en marzo en Bogotá—.

 

Muchos jóvenes hacían fila frente a “Échele cabeza cuando se dé en la cabeza”, un programa que promueve la reducción de riesgos y la mitigación de daños en el consumo de drogas.

 

Más que una tienda de campaña, parecía un laboratorio ambulante lleno de frascos, reactivos y colorantes para hacer pruebas rápidas de drogas de tráfico ilícito, pero de uso regular.

 

¿Por qué generan confianza entre los jóvenes asistentes? Las organizaciones sociales que analizan sustancias lo hacen sin preconceptos ni juicios morales.

 

Montan su estand en una fiesta, los usuarios comparten un trocito de su sustancia voluntariamente y… a cambio, conocen qué compraron y quizá puedan prever algunas consecuencias; también se les explican los efectos esperados de tal o cual sustancia y sus adulterantes más frecuentes; además, ofrecen recomendaciones sobre cómo actuar frente a una mala experiencia.

 

PORTUGAL: EJEMPLO DE POLÍTICA PÚBLICA

 

El testeo de drogas forma parte del enfoque de reducción de daños, un principio rector de los programas de salud pública que ha sido ampliamente recomendado por la Organización Mundial de la Salud. Se refiere a políticas y prácticas encaminadas a reducir los daños sin exigir necesariamente abstinencia.

 

Esta aproximación de tratar al uso, el abuso o la adicción como un problema de salud pública, más que como un problema de seguridad o justicia, fue implementada por varios países europeos desde la década de los setenta.

 

Y tuvo gran éxito en Portugal, país que despenalizó el uso de drogas en 2001. Desde entonces el número de muertes por sobredosis cayó más del 85 por ciento —la tasa de mortalidad por drogas más baja de Europa occidental— y las autoridades estiman que en la actualidad sólo unos 25,000 portugueses utilizan heroína, un descenso en comparación con los 100,000 que la usaban cuando comenzó a aplicarse la política.

 

LA ADULTERACIÓN NO ES INOCENTE NI PASIVA

 

Un usuario de cocaína no imagina qué esconde lo que consume. Se dice que es la droga más refinada del mundo, pero los perfiles químicos analizados por la sociedad civil y los gobiernos muestran que esa idea es sólo un supuesto.

 

La media en algunos países roza el 50 por ciento; la otra mitad son excipientes, adulterantes y suplantadores. En todo el hemisferio se encuentran más o menos los mismos adulterantes en las mismas drogas.

 

Grandes y pequeños traficantes y otros oportunistas estiran su ganancia echando mano de los suplantadores, que son químicos agregados para ganar peso. Antes de llegar al usuario final pasan por toda la cadena: laboratorios en la selva, acopios en la ciudad, traficantes y minoristas que sucesivamente van agregando gato por liebre.

 

La adulteración no es inocente ni pasiva porque agrega varias sustancias activas, moléculas que comparten efectos o potencian una sensación, pero… aumentan el riesgo de un “mal viaje”, intoxicación, sobredosis, lesiones y hasta la muerte…

 

*Yvette Hesse es directora de Grupo Editorial Kankun y Gente Q. Roo, revista de negocios y política.

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