Luces TV

‘Si me regresan, me muero’

4 octubre, 2019

La guerra contra los inmigrantes en Estados Unidos se está extendiendo hacia los más débiles.

 

Jorge Ramos 

Periodista

 

MIAMI — Si deportan a Jonathan Sánchez a Honduras se va a morir. Este joven de 16 años sufre de fibrosis quística. Su hermana mayor murió de la misma enfermedad que, entre otras cosas, atasca los pulmones con flemas imposibles de sacar.

 

Pero esa tos letal no pareció importarle al funcionario que les envió una carta al padre y la madre de Jonathan diciéndoles que la familia tenía 33 días para irse de Estados Unidos. Para Jonathan, esa carta era una sentencia de muerte.

 

¿Qué pasa si te regresan a Honduras?, le pregunté en una entrevista vía satélite, poco después que recibieran la carta. “Pues, básicamente, la muerte”, me contestó, cerca del Children’s Hospital en Boston, donde recibe el tratamiento que lo ha mantenido con vida. “Me ha pasado en ocasiones que si no hago el tratamiento por un día, empiezo a toser bastante. Me canso.

 

Me cuesta respirar bastante. Sufro de dolores de estómago y no suelo digerir bien la comida. Eso es lo que me pasa si no los hago en un día”. La guerra contra los inmigrantes en Estados Unidos se está extendiendo hacia los más débiles.

 

Ya no se trata, sólo, de separar a niños de sus padres en la frontera, de poner a menores de edad en jaulas o de considerar quitarles la ciudadanía automática a los hijos de indocumentados nacidos en Estados Unidos.

 

Ahora el gobierno del presidente Donald Trump se lanzó en contra de niños enfermos. Como Jonathan. Hay un esfuerzo concertado del gobierno de Trump para limitar el número total de extranjeros en Estados Unidos, particularmente cuando vienen de América Latina. (No podemos olvidar su mantra de junio de 2015 sobre los inmigrantes mexicanos: “Traen drogas.

 

Traen crimen. Son violadores”.) Y la campaña presidencial de 2020 tiene que definir qué tipo de país queremos ser. Jonathan y sus papás, Gary y Mariela, entraron como turistas a Estados Unidos hace tres años.

 

Luego solicitaron quedarse a través de un programa médico de acción diferida para que Jonathan pudiera recibir su tratamiento. No es una categoría migratoria muy grande. Pero salva muchas vidas. Cada año, cerca de mil personas son beneficiadas. Pero el mes pasado, sin ningún aviso previo, la agencia encargada de otorgar esos permisos migratorios —el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS)— decidió cancelarlos casi todos.

 

El mensaje para Jonathan fue fulminante: “Debo abandonar el país en 33 días o voy a ser deportado”. Mariela, la mamá de Jonathan, no lo podía creer y llamó para pedir una explicación. “Sólo nos dijeron que nuestra solicitud había sido negada”, me contó. “Que no podían darnos nuestra extensión”.

 

Los Sánchez la han pasado mal y ya saben a qué se enfrentan. La hermana mayor de Jonathan murió en Honduras de la misma enfermedad. “Cuando nuestra hija nació, en nuestro país ni siquiera los médicos sabían qué diagnosticar”, me dijo Gary. “Nadie sabía lo que ella padecía”. En un esfuerzo desesperado, le tomaron una prueba de sangre a su hija y la enviaron, congelada, a Estados Unidos.

 

Poco después llegó el resultado a Honduras: efectivamente, padecía de fibrosis quística. Pero la información llegó demasiado tarde. La niña ya había muerto. Y para no repetir la historia con Jonathan, los Sánchez emprendieron el camino hacia Estados Unidos. Pero cuando hablé con Gary, estaba desesperado. “En este momento no tenemos muchas alternativas.

 

No sabemos qué hacer”, me dijo. “Hemos estado esperando por meses una respuesta y de repente nos dicen que esta es negada”. “A algunas personas antiinmigrantes les gusta decir: ‘No estamos en contra de la inmigración, sólo estamos en contra de la inmigración ilegal’”, publicó hace poco en Twitter la congresista demócrata, Alexandria Ocasio-Cortez. “Si eso fuera cierto, entonces haríamos que la inmigración legal fuera fácil y segura.

 

Pero cada día este gobierno está deteniendo casi por completo la inmigración legal”. Es cierto. Jonathan y sus papás hicieron todo legalmente. Entraron a Estados Unidos legalmente, solicitaron su permiso de estadía médica legalmente y tramitaron sus extensiones legalmente. Pero el gobierno de Trump les dijo que no…. hasta el lunes 2 de septiembre. El presidente de Estados Unidos no suele disculparse ni da marcha atrás en sus decisiones.

 

Al contrario, le gusta ratificar sus aciertos y sus errores por igual. Pero no pudo contra la presión que Jonathan y otros pacientes le pusieron al gobierno al contar sus desgarradoras historias en los medios de comunicación y en las redes sociales.

 

Sin mucha publicidad, y sin reconocer ninguna equivocación, el USCIS informó que volverá a considerar solicitudes médicas como la de Jonathan. Gary, me confirmó que, efectivamente, sus abogados recibieron instrucciones para volver a presentar una extensión para los Sánchez. Eso salvaría a Jonathan. Quisiera escribir que la moraleja de esta historia es que el bien siempre triunfa.

 

O que, como dicen algunos, las cosas siempre pasan por algo. Yo no creo nada de eso. Mi explicación es un poco más realista. Aquí en Estados Unidos nos estamos enfrentando a uno de los gobiernos más antiinmigrantes desde que en 1954 se deportó a un millón de mexicanos en la llamada Operación Wetback.

 

Y con tal de reducir el número de inmigrantes y tratar de revertir la diversificación de la población, el gobierno de Trump ha iniciado una campaña que va, incluso, contra niños enfermos. En los momentos de mayor indefensión siempre tenemos un recurso disponible: contar tu propia historia.

 

Jonathan lo hizo y, en el proceso, podría salvarse. Le pregunté a Jonathan qué le pediría a las personas que lo querían deportar. “Que no me maten”, fue su respuesta, brutal y directa. No hay nada más poderoso y conmovedor que la lucha de un niño por su propia vida. En eso sí creo.

Share

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Síguenos