Luces TV

‘Si alcanza a vivir’

19 septiembre, 2018

RICARDO HERNÁNDEZ

CANCÚN, Q. ROO.- A un hospital de Cancún llegó, recién nacido y de brazos de una extraña, un bebé ruso con complicaciones potencialmente letales provocadas por negligencia médica en una clínica improvisada, casi clandestina, donde Elina Kapralova, la mamá, había parido horas antes; un lugar donde no se contaba con la capacidad para atender a un neonato. Luego de algunos chequeos, entorpecidos por la falta de un expediente que detallara la evolución del parto, los médicos dieron el diagnóstico: muerte cerebral.

El 15 de enero de 2016, Elina Kapralova, de 29 años y con tres meses de embarazo, contrajo matrimonio con Alexey Kapralov en su natal Rusia. Ella, abogada; él, economista. Ambos idearon un plan para la familia que, desde entonces, serían: su hijo nacería en otras coordenadas, para que lo recibiera un clima más benévolo, menos invernal.

México otorga la residencia permanente a aquellos extranjeros cuya intención es permanecer por un periodo superior a cuatro años, como era el caso de la pareja Kopralov.

“A diferencia de Estados Unidos, México es más flexible en el otorgamiento de residencias permanentes, por eso los rusos que se quieren mudar, optan por venir aquí”, explicó Armina Wolpert, cónsul honoraria de la Federación Rusa en el país.

Y en Quintana Roo opera el Hospital Galenia: la certificación de servicios hospitalarios de mayor antigüedad en el mundo con la que cuenta el nosocomio, Joint Commission International, es supuesta garantía de la procuración del paciente y de que la atención está a la altura de las buenas prácticas internacionales. Decidieron, pues, Cancún por destino. Ella se adelantaría en el viaje, mientras que él trabajaría un par de semanas más a fin de conseguir dinero suficiente que le daría solvencia en lo que se volvía a emplear en algún otro trabajo. En Cancún nacería el hijo; en Cancún, Elina se aliviaría, ahí recomenzarían su vida… al menos así lo habían fabulado.

Aún con dudas, Elina consultó en el grupo de Facebook “Rusos en Cancún” si Galenia era la mejor opción para dar a luz. Una integrante del colectivo virtual, Tatiana Soshnikova, la contactó de inmediato para ofrecerle otra opción, más barata y mejor, alegaba ella: Clínica Bonfil, que ofrece en su página web información en ruso. Terminó cediendo, convencida por el hecho de que Tatiana también fungiría como traductora cuando se necesitara, por lo que, finalmente, se dejó guiar por su coterránea.

Con algunas semanas de anticipación al parto, la joven rusa arribó a México a un departamento rentado en la capital turística de América Latina.

El 29 de junio de 2016, medio año posterior al casamiento, la bolsa del líquido amniótico que rodea al bebé quebró, se le rompió la fuente a Elina, señal de que no tardaría el bebé en nacer. Sin algún conocido en Cancún, la madre solicita a Tatiana que la acompañe a la clínica.

Ubicado en la calle Benito Juárez, en Alfredo Bonfil, el sanatorio mide unos 70 metros cuadrados, de los que la tercera parte está destinada al estacionamiento. El presunto cuarto de quirófano donde atendieron a Elina, hacía también de sala de urgencia, de recuperación y de cunero; todo en un área menor a 30 metros.

Llegaron al lugar aproximadamente a las 14 horas, la recepcionista le comunicó a Tatiana que el doctor, el único doctor, estaba en su hora de comida y ella, a su vez, lo traduce a Elina, quien estuvo obligada a esperar seis horas al regreso de Manuel Salvador Gómez Bonales que, según los registros de la Secretaría de Educación Pública, cuenta con estudios en la UNAM de Médico Cirujano, pero no así con especialidad en ginecología y obstetricia, y además, dueño de la clínica anunciada como “Materno-Infantil”. Por fin, a medianoche, a Elina se le induce el parto y su hijo, que denominaremos “PKK” por respeto legal, nace a las 3:00 horas del 30 de julio.

Taquicardia, presión alta y pérdida de sangre, es lo que arrojó la primera evaluación a la parturienta. Como en la clínica no existía un banco de sangre, el médico tuvo que conseguirla fuera. La segunda revisión se realizó hasta diez horas después. En el espacio de tiempo entre las atenciones, la pérdida de sangre ya amenazaba con la vida de la madre. “Se fue vaciando de a poco y, finalmente, murió el 30 de julio a las 13:30 horas, es decir, 11 horas después del parto”, cuenta la cónsul Armina Wolpert, quien fue notificada del fallecimiento el 31 de julio por la propia Tatiana, que luego se supo, ganaba una comisión cada que llevaba un paciente a Bonfil.

A la muerte de Elina se sumaron las complicaciones de la salud del bebé. Como entre los cuatro trabajadores en que constaba la plantilla laboral de la clínica no había un pediatra, no existía quien tratara al neonato, se optó por desecharse de él.

“Yo lo veo mal (al bebé), no llora, no respira”, refirió Tatiana en la declaración ante Ministerio Público que el médico le dijo, antes de pedirle se lo llevara de la Clínica. Aunque ello no consta en el expediente clínico que no fue entregado sino hasta a inicios de agosto, pese a que cada doctor está obligado a elaborar inmediato a cada atención de los pacientes, según lo marca la Norma Oficial Mexicana 004-SSA3-2012.

Tampoco había ambulancia, por lo que Tatiana, la persona que sólo había visto a la madre en dos ocasiones, llevó en brazos a “PKK” en taxi al Hospital Victoria, donde estuvo dos días para luego ser trasladado al Hospital General de Cancún.

“El recepcionista de Victoria le habla a la Policía, al 911, y dice: hay una persona extranjera que trae a un bebé y que refiere no ser su madre, que la madre murió en Clínica Bonfil, y entonces la policía llega a investigar”, relata una persona conocedora del caso que optó por la secrecía.

“Y es ahí donde inicia el calvario jurídico”.

 

Violaciones al debido proceso

Al tiempo en que el Hospital General intentaba remendar los daños provocados al bebé, la autoridad ministerial comenzó con las investigaciones.

El proceso judicial inicia en agosto de 2016. Alexey, quien había quedado viudo a escasos meses de haber contraído matrimonio, realiza la denuncia el día ocho del mes referido. Para entonces, el expediente  ya incluía el Informe Policial Homologado –primera información recabada por la Policía Ministerial–, el cual incluía la inspección a la Clínica, las entrevistas con Manuel Salvador Gómez y Tatiana Soshnikova.

En el transcurso de las investigaciones, cuenta el afectado, hubo intención por parte de la defensa del entonces imputado, el doctor Gómez Bonales, y de autoridades del Ministerio Público de sobornar a la autoridad.

En otra ocasión, Gómez Bonales intentó cambiar el expediente médico para borrar las posibles evidencias que pudieran inculparlo.

Además, la jueza Gabriela Concepción Carrillo Cab, dijo Alexey, violó las reglas del debido proceso, pues la jueza interrumpió la Litis –la discusión– cuando se interrogaba a los testigos y no se abstuvo de sólo dirigirla.

En el Artículo 372 del Código Penal de Procedimientos Penales, relativo al desarrollo de interrogatorio, se indica que el Órgano jurisdiccional “deberá abstenerse de interrumpir dicho interrogatorio salvo que medie objeción fundada de parte, o bien, resulte necesario para mantener el orden y decoro necesarios para la debida diligenciación de la audiencia”.

En el video de una de las audiencias públicas, se ve a la jueza Carrillo pedir en reiteradas ocasiones a un testigo no contestar a las preguntas que la defensa de la víctima formulaba o exigía no relatar los hechos y atenerse a sólo contestar brevemente.

En otra audiencia, la autoridad pidió a Alexey que se retirara del recinto, dado que se presentó sin traductor.

“Lo que debió hacerse en ese caso es la suspensión de la audiencia hasta que se consiguiera un traductor y se garantizaran los derechos de la víctima”, dijo Andrea Santos, una abogada consultada sobre el tema.

Finalmente, la información contenida en las carpetas de investigación fueron elementos suficientes para haber conseguido el pasado 14 de septiembre, una sentencia condenatoria en contra de Manuel Salvador Gómez por el homicidio de Elina Kapralova.

En cuanto a “PKK”, estuvo internado dos meses en el Hospital General de Cancún, pero debido al gasto que implicaron los servicios, Alexey decidió llevar a su hijo a Rusia. Con ayuda del Consulado y la Embajada, se realizaron los trámites necesarios y se logró concretar el traslado a finales de septiembre.

Nuevo hospital, nuevo diagnóstico, nada alentador: “Si llega a sobrevivir, va a tener una afectación de por vida”, recuerda Alexey que dijeron los doctores. “Si llega a vivir…”, repite.

Días después, sin posibilidades de mejora, los médicos concedieron que el bebé saliera del hospital, para que muriera en casa.

El 21 de diciembre, con apenas seis meses de vida, el niño fallece en casa de los abuelos maternos.

“Ese año (2016) me casé, ese año se alivió mi esposa, ese año también murió y ese año murió mi hijo”, resume Alexey.

Ahora, lo que busca el joven ruso es que se le sentencie al médico también por el homicidio del hijo.

La jueza Gabriela Concepción Carrillo Cab alegó que “nada” le indicó que el menor haya muerto derivado de lo ocurrido en la Clínica Bonfil. Mañana se celebrará una nueva audiencia donde podrá reabrirse el caso.

Aunque la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios clausuró en 2016 la Clínica Bonfil por “anomalías graves”, actualmente sigue operando en Cancún.

 

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